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Nudo

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NUDOS DE LA HISTORIA ÍNTIMA DE LOS NUDOS
Presentación de «Nudo» (Santiago: Mago, 2019) de Amanda Durán

Por Héctor Hernández Montecinos

 

 



He pensado tanto en la poesía, en los mundos interiores y lo que le rodea, en las vidas que hay entre los átomos y las galaxias. Pasan los años, las décadas, los siglos y algunos poemas siguen ahí. Otros desaparecen o mejor dicho se transforman, vuelven al polvo o se convierten en semillas de nuevos árboles que nacerán. La poesía como estructura de lo humano y como el tono de lo por venir. Una forma de pensamiento en el mundo y como lenguaje en el tiempo. Letras quedan en silencio, palabras pasan al desuso, frases se extravían en otras lenguas y las páginas se convierten en países microscópicos para el reino que señorea la vida en la Tierra. Los seres humanos somos un remanente y las circunstancias que nos atraviesan no son más importantes que la de las flores o las nubes. Lo que quiero decir es que a la poesía verdaderamente no le interesa lo humano sino justamente todo lo que no es, o por cierto, lo que la une a ciertas cosas de entre las cuales como especie somos las menos interesantes.

Qué hemos escrito a lo largo de estos últimos milenios. Leemos sobre faraones felices con sus semillas o de sacerdotisas que invocan a sus dioses como si fueran sus amantes. Poderosos reyes en busca de la inmortalidad y muchachos silvestres con los secretos de la noche. Mujeres enamoradas inmolándose en el fuego, hombres atribulados por la muerte y el adiós. Insistimos en la inmortalidad de esas pasiones, de esas angustias, de esos miedos, de esas esperanzas. Los poemas de hoy dicen lo mismo porque seguimos siendo los mismos. El mundo ha cambiado pero no cambia. Los cuerpos no se han modificado mayormente, vivimos en cavernas alrededor del fuego, comemos y nos vestimos de animales, digerimos mejor gracias a plantas y vegetales, el agua es indispensable, el aire y el mito que une lo común con lo que está más allá.
No. No me he fumado nada. Estoy dando la vuelta larga para hablar de poesía y más aun de la poesía de Amanda Durán. Nudo es la reunión de parte de sus tres libros: Ovulada, Antro y La belleza. Entre la publicación del primero y el último hay exactamente una década. Cuando digo la vuelta larga me refiero a que lo que la poeta habla no dista mucho de las encrucijadas emocionales de hace siglos atrás, pero el punto es que se está hablando desde los secretos, lo silenciado, lo que hace daño. Toda historia es la suma de las situaciones que permitieron que sucediera, pero también de las que quedan fuera del recorte, del encuadre, del relato. Ahí trabaja la poeta, en esa zona muda de los sentimientos, de lo que debe ser y no es. Acaso el mito no sea eso mismo. Hablar en el presente de una vida y que esa vida sea la de la humanidad es la que nos recuerda justamente eso, la poesía como mito, las palabras y pulsiones que el logos dejó fuera, que no quiso, que atemorizó. Esos son los materiales de Amanda Durán en su obra.


Ovulada no es lo mismo que ser fecundada ni mucho menos nacida. Es el inicio de un viaje del que no se sabe si concluirá, como todo viaje. Es una latencia, un proyecto, un sueño o una pesadilla. Lo probable, lo tentativo, pero que no es. De algún modo las familias son algo parecido. Padres y madres como espermios y óvulos con pelo y poder. No creo en la reproducción ni en el amor como una combinación de dos vidas. Se está junto a alguien para no morir. Las familias reproducen su fracaso y ese es su éxito. La idea de que todo va a terminar. Una familia de huesos, sangre, músculos, pus, estrías, carne dentro del cuerpo, es la radiografía más exacta de sus relaciones de poder. Máquinas de deseo, secreciones, hormonas que rompen todo tabú, toda la civilización, todo lo interdicto. La ley es la luz, pero sin luz todo es piel, cabello, humedad. Todo lo que queda fuera es mito. Edipo es sólo una noche, un titubeo, una pulsión que ha durado siglos.  
Antro no de hombre sino de lugar sagrado donde se reúne todo lo que se atreve a hablarle al dios, sea el que sea. Sagrado como lo es el día a día, el comedor, el asfalto, los parques. Una aparición que se revela como cuerpo de mujer con sus mares abiertos y sus éxodos, su cantar de los cantares y su revelación como gran ramera. La sangre y el vino se convierten en sangre y en vino en una fiesta que son todas las fiestas. La sangre y el vino es lo sagrado en un cuerpo que por eso ha sido expulsado, castigado, maculado. Las mujeres santas caminan sobre la noche de los tiempos como si fuera su casa y el dolor es su hablar en lenguas.


La belleza qué es sino la contemplación de lo que desaparecerá. Amamos lo que va a morir. Nos aferramos al tiempo que quedará después de una partida. Eso es la eternidad. Un cadáver nos recuerda lo que somos. Los minerales y secreciones de donde venimos y hacia donde va toda la humanidad. Se dice que la poesía nació frente a un cuerpo muerto, en ese límite sin palabras en un mundo casi sin palabras. Qué decir, qué no se dijo, que se dirá. La obscenidad de regresar a la vida cotidiana luego de un funeral. De volver a ir al supermercado, de tomar el metro, de ir a comprarse ropa. La madre muerta no muere. Se convierte en uno para bien o para mal. Un sueño que tiene poder, una voluntad, una posesión. La madre es el lenguaje.


La poeta en Nudo conjuga todo lo anterior. Esposo, padre, hijos, madre. Todo lo idéntico a uno siendo otro. Todos transformándose, fluyendo, abandonando o volviendo. Las familias son los límites de sus distancias. Más allá ya no lo son, son otros, extranjeros de la sangre. Un nombre propio siendo otro, de otra que no es pero siempre será. Escindirse es la más clara declaración de humanidad. Amanda Durán hace de la poesía ese mito que bordea la razón, la razón de los hombres y trastoca todo lo que se ha creído privado, femenino. El cuerpo, el amor, la fe, la madre, pero desde su versión más dura, más descarnada, más honesta. Un nudo en la poesía chilena que nos ata a los miedos y a la revuelta, a lo no dicho y a la proclama. Un nudo en el quipu que son las nuevas poéticas latinoamericanas el día de hoy. Literalmente, un nudo en la garganta.

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